viernes, 12 de febrero de 2016

Hallan restos que serían del primer asentamiento indígena de la Ciudad de Buenos Aires

En un antiguo bañado del Riachuelo, donde confluyen el autódromo de la ciudad y el parque Ribera Sur, se habrían asentado los primeros pobladores de la ciudad de Buenos Aires. Allí, arqueólogos urbanos comenzaron a desenterrar la historia no conocida de esta metrópoli: restos de vasijas, falanges de pequeños animales y puntas de lanzas podrían ser los vestigios del asentamiento originario porteño prehispánico.

En busca de restos de la primera fundación de Buenos Aires, la del adelantado Pedro de Mendoza, en 1536, expertos de la Universidad del País Vasco (UPV), de la Universidad del Museo Social y de la UBA hallaron restos que indicarían la presencia de una población estable en esa zona del sur de la ciudad, que en aquel momento quedaba a orillas del río, que siglos más tarde fue rectificado.

"Hay indicios prometedores de que aquí hubo una población originaria. Si bien es preciso realizar el análisis cronológico, es la primera vez que hallamos negativos de lo que deben de haber sido los postes en donde se apoyaban las casas", indica Agustín Azkarate Garai-Olaun, director del Grupo de Investigación en Patrimonio Construido de la UPV, y muestra a unos 40 cm de profundidad las marcas que habrían dejado esos sostenes.

El arqueólogo e investigador argentino Ulises Camino también forma parte del equipo. Incluso, a partir de su tesis doctoral sobre el barrio de Flores se eligieron los lugares de excavación. "Encontramos restos de lo que serían vasijas, cerámicas decoradas y restos líticos que habrían sido utilizados como armas. Estas piedras eran de la zona de Tandilia y requerían un gran esfuerzo de traslado. Claramente, es posible pensar que estas armas se fabricaban antes de la introducción del hierro", señala.

Las primeras excavaciones de este proyecto finalizaron el viernes pasado (5/02/2016). Es necesario ahora que todos los restos encontrados sean analizados para determinar en qué momento de la historia fueron utilizados.

Iban Sánchez, de la UPV, explica que podría tratarse de una población querandí. Así los habían llamado los españoles, según la única crónica que existe del viaje de Pedro de Mendoza, escrita por Ulrico Schmidl, un alemán que formó parte de aquella expedición. "Así es como ellos llamaron a uno de los grupos que observaron en su travesía. Querandí significa «los que comían grasa». Lo que no sabemos es cómo se llamaban a sí mismos", asegura.

El proyecto vasco-argentino, del que también forma parte Daniel Schávelzon, director del Centro de Arqueología Urbana (CAU), comenzó a gestarse en 2014. A partir del trabajo de Camino se buscó entre los lugares que exploró Carlos Rusconi a principios del siglo XX.

"El desarrollo de las primeras investigaciones relacionadas con la arqueología fue llevado adelante por parte de aficionados y sociedades de eruditos. En este contexto temprano de la disciplina, Rusconi anunció un descubrimiento en 1926 de dos paraderos indígenas que denominó A y B, sobre las barrancas del río Matanza, en Villa Riachuelo, en la Capital", explica uno de los afiches del proyecto Búsqueda del Sitio de la Fundación de la Primera Buenos Aires.

Animales chicos
"Sobre la base de esos dos puntos, comenzaron las excavaciones explica Camino-, y a lo largo de 2014 se acotaron a estos dos lugares. Ahora tenemos que precisar a qué pertenecen los restos. Estos huesos, por ejemplo, podrían ser de animales chicos: un guanaco o un ciervo de los pantanos; mientras que los más pequeños podrían ser de nutrias o vizcachas."

Cabe recordar que el hallazgo arqueológico más antiguo en el área metropolitana data del siglo XVII, en San Telmo (ver aparte). "No hay restos con mayor antigüedad que los que se hallaron bajo la plaza San Martín. Creemos que estos que hemos encontrado podrían ser cronológicamente anteriores, aunque hay que aguardar los estudios", agrega Camino.

"Estamos muy entusiasmados porque además es una deuda pendiente que hay con los primeros habitantes de estas tierras. Había población antes de que llegaran los españoles. Es una gran oportunidad para que la ciudad de Buenos Aires salde esa deuda a nivel simbólico, una historia que ha sido invisibilizada. Y la metrópoli se habría iniciado aquí, en el Sur", apunta Azkarate Garai-Olaun.

Según los expertos, podría demandar un año determinar fehacientemente el origen de los restos encontrados. Durante ese período, también se planificará el futuro de la excavación, que probablemente tenga una superficie mayor. "Uno de los grandes objetivos de la arqueología en la actualidad es que, además, se socialice. Estamos en un parque público al que asiste mucha gente, especialmente niños. La idea es que puedan ver trabajando a los profesionales y que haya una explicación de los orígenes de la ciudad en la que viven", indica el experto vasco que dirige el proyecto.

Los investigadores se permiten soñar hasta con un centro de interpretación en este reducto del sur de la ciudad, en donde los porteños puedan empezar a conocer sus orígenes.

Laura Rocha / LA NACION

martes, 19 de enero de 2016

Descubren partículas de energía en el interior de la pirámide de Keops

Un grupo de expertos egipcios ha descubierto unas partículas de energía en el interior de la pirámide de Keops, en Guiza, a las afueras de El Cairo, que podrían ayudar a explicar el sistema de construcción y desvelar más secretos de estos mausoleos de 4.500 años de antigüedad.

En una rueda de prensa celebrada en el Museo Egipcio, en El Cairo, el director del Instituto para la Preservación e Innovación en Patrimonio, Madi Tayubi, realizó este anuncio como parte de los resultados preliminares del actual proyecto "Scan Pyramids".

Con la detección de muones (partículas de energía que penetran los objetos), se puede descubrir si hay cámaras ocultas.

El objetivo principal de este trabajo es avanzar hacia la fórmula que permitió a los constructores de la época colocar las pesadas y enormes piedras una sobre otra y elevarlas hasta 150 metros de altura.

Por el momento se ha determinado que en la parte superior de la Pirámide Roja de Dahshur, al sur de El Cairo, la temperatura es siempre más alta que la del mismo emplazamiento del resto de mausoleos.

Sin embargo, no hay diferencia de temperatura entre las cuatro caras de la misma pirámide.

Por su parte, el ministro egipcio de Antigüedades, Mamduh al Damati, anunció en la misma rueda de prensa que el próximo paso es colocar una cámara termográfica fija de infrarrojos dentro de las cuatro pirámides de Keops, Kefrén, Micerino y Dahshur.

El proyecto pretende confirmar que las diferencias de temperatura descubiertas, por ejemplo, entre varias piedras de la pirámide de Keops no son consecuencia del clima exterior ni de los cambios estacionales.


Al Damati precisó que esta etapa del proyecto durará más de dos meses, ya que las autoridades sólo cuentan con una cámara de este tipo, que deberá instalarse dentro de los cuatro mausoleos.

El pasado noviembre, el mismo grupo de expertos anunció que había encontrado diferencias de temperatura en varios bloques de la pirámide de Keops, lo que indica que hay "algo detrás", aunque no ofreció más información al respecto.

En principio, está previsto que durante 2016 este grupo de expertos egipcios, canadienses, franceses y japoneses viaje a las profundidades de estos mausoleos de 4.500 años de antigüedad para desvelar los secretos que esconden.

Para ello se utilizan cuatro innovadoras técnicas no invasivas que no dañan las antigüedades y se hace uso de nuevas tecnologías, como los drones y la termografía infrarroja.

Además, se usa la fotogrametría y el láser en toda el área de Dahshur y Guiza para hacer una reconstrucción en 3D de sus monumentos, pirámides, templos y la esfinge.

Durante la presentación del proyecto de "Scan Pyramids", se insistió en que son técnicas ya utilizadas anteriormente, como en volcanes activos y en la central nuclear de Fukushima, en Japón.

EFE / Infobae

martes, 24 de noviembre de 2015

El Filete Porteño, Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad

El arte decorativo y popular nacido a principios del siglo XX en la ciudad de Buenos Aires, el 'fileteado porteño', fue reconocido por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación y Diversificación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

El anuncio oficial se hará en Namibia a partir del 30 de noviembre, cuando se reúna el Comité Intergubernamental de Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO.

Así, el fileteado porteño podrá ser difundido por el mundo y potenciarse como atractivo turístico e instará a Buenos Aires a realizar diversas acciones para continuar desarrollando este arte, como la organización de exposiciones y talleres, la publicación de libros, la creación de inventario y hasta la conformación de un museo público.

Las obras correspondientes a esta técnica incluyen frases ingeniosas, refranes poéticos o aforismos chistosos, emocionales o filosóficos, escritos a veces en lunfardo, y con letras ornamentadas, generalmente góticas o cursivas.

Es la segunda vez que la cultura argentina es reconocida como Patrimonio de la Humanidad, luego del nombramiento del tango en 2009.

El fileteado porteño tuvo su origen en las fábricas de carros. San Telmo, Abasto y Mataderos son barrios con mucha presencia del filete, justamente por la importancia de sus mercados. Luego, el filete pasó de los carros a los camiones, y más tarde a los colectivos, hasta que en 1975 lo prohibieron porque decían que los pasajeros se confundían con tantos colores. Pero las flores, banderas, pájaros, figuras religiosas y rostros de tangueros pintados en colores vivos se mudaron a otros soportes, como los carteles de comercios y las lunetas de los autos.

Al igual que en el tango, no hay un primer artista ni una fecha exacta que permitan determinar con exactitud el inicio de esta práctica, muchos de sus iniciadores formaban parte de las familias de inmigrantes europeos, quienes trayeron consigo algunos elementos artísticos que se combinaron con los del acervo criollo, creando un estilo típicamente argentino.

Los trámites para obtener este reconocimiento comenzaron a ejecutarse hace tres años, pero la presentación formal se realizó en marzo de 2014.

El Federal

martes, 10 de noviembre de 2015

Las calles de Buenos Aires tendrán código QR

La legislatura aprobó una iniciativa para trazar rutas turísticas imprimiendo códigos con información en las vereda porteñas.

Las baldosas de la ciudad de Buenos Aires se transforman para poder ser "leídas" desde un smartphone.

Esta semana, la legislatura porteña aprobó una iniciativa para implementar rutas urbanas con códigos QR. La idea es sumar información en los puntos turísticos de la ciudad.

Con un tamaño de un metro cuadrado, el código QR estará impreso directamente en la vereda y podrá ser escaneado con la cámara de un smartphone. Leyendo el código, el usuario puede acceder a información turística y cultural en varios idiomas.

Uno de los puntos más interesantes de la iniciativa es que el sistema de "baldosas inteligentes" forma un recorrido turístico. Cada sitio lleva al siguiente, convirtiendo al smartphone en un guía interactivo para recorrer los sitios históricos de la ciudad.

“Es un método que combina las nuevas tecnologías, la cultura y el turismo. No solo está destinado a extranjeros, sino también para viajeros del interior de Argentina que visitan nuestra ciudad, la cual integrará, de esta manera, un nuevo elemento de información, característico e innovador, que estará disponible durante las 24 horas”, señaló el diputado Roberto Quattromano, según La Razón.

Las veredas de la ciudad se complementarán, además, con los 42 monumentos y edificios emblemáticos de la Ciudad que ya cuentan con placas de códigos QR que incluyen videos, audios y fotos (ver también: El código QR llega a monumentos y edificios de la Ciudad).

Canal Ar

martes, 3 de noviembre de 2015

Los arroyos invisibles de la Ciudad de Buenos Aires

El Arroyo Maldonado - 1925
Debajo de las calles de Buenos Aires, bajo los asfaltos, baldosas y edificios, corren silenciosos los arroyos porteños. El Maldonado y el Vega hoy son los más famosos. El Medrano, el White, el Ochoa-Elia, el Cildañez y otros esperan subterráneos el momento de demostrar que siguen vivos. “Buenos Aires creció con una actitud de negación de la naturaleza, como si la ciudad fuera una cosa distinta que el campo”, me dice Antonio Elio Brailovsky, escritor y economista especializado en historia ambiental. Me explica que la decisión de entubar los arroyos es coherente con la idea de usarlos como cloacas. Se me ocurre que siempre imaginamos a la Ciudad plana como una mesa, sin relieves, y sin embargo tiene puntos altos y bajos, cuencas que desaguaban en los antiguos arroyos y bajos que siempre se inundaron. La topografía porteña se borró de nuestra memoria, así como también lo hicieron sus arroyos (hoy entubados) y sus zonas inundables. Antes, el valle de inundación del Riachuelo, por caso, tenía nombre y apellido: Los Bañados de Pereyra. Fueron secados a principios del siglo pasado y, el arroyo, entubado.

“El comportamiento de un arroyo entubado es peor que a cielo abierto, porque libre, el curso de agua no tiene obstáculos y entubado sí”, asegura Brailovsky, y agrega que al entubarse desaparece de la vista su zona de desborde natural. “Se hizo para esconder las zonas de riesgo y generar valorización inmobiliaria”, aclara. El famoso arroyo Maldonado, entubado entre el 29 y el 33, fue uno de los límites porteños hasta 1887, cuando se anexaron como barrios los pueblos de Belgrano y Flores. Pero cuando se fundó Buenos Aires por segunda vez, el límite Sur era un pequeño arroyo, el Zanjón de Granados, también conocido como Tercero del Sur. El límite norte era el Zanjón de Matorras (o Tercero del Medio). El Manso corría por donde está la avenida Pueyrredón y fue el límite occidental de la ciudad por mucho tiempo. La geografía era cosa de todos los días.

Buenos Aires esconde muchos arroyos aún. En el Norte, el arroyo White corre bajo las calles Campos Salles y Rubén Darío, en Núñez, y desemboca en la Ciudad Universitaria. Este curso se llamó Cobos y de los Membrillos a principios del siglo XX. Además, cerca de allí corre el arroyo Medrano, bajo las avenidas Ruiz Huidobro y García del Río. En el Sur, el arroyo Ochoa-Elia cursa entubado bajo Nueva Pompeya hasta el Riachuelo. Y otros seis pequeños arroyos hacen lo mismo bajo la La Boca y Barracas.

A fines del siglo XIX, por detrás de la Estación Constitución nacía el arroyo Granados, bajaba por la calle Perú y continuaba por Bolívar, se unía a otros arroyos y terminaba en el Río de la Plata. El Matorras nacía en Independencia y Entre Ríos, formaba una laguna y bajaba por Talcahuano para terminar en otra laguna que se llamaba Zamudio y ocupaba lo que ahora es la Plaza Lavalle, para desembocar luego al Río bajo lo que hoy es el Microcentro. Otro arroyo con lagunas y bañados era el Manso, que nacía de dos lagunas ubicadas en el área de Venezuela y Saavedra, corría por 24 de Noviembre, Corrientes, cruzaba el barrio del Once y salía por Sánchez de Bustamante hasta Palermo.

“Ninguna obra soluciona el problema de las inundaciones definitivamente”, me dice Brailovsky y pienso que habría que aprender a convivir con ellos, cambiar códigos, crear zonas inundables sin viviendas, no hacer garajes subterráneos en áreas de riesgo y estar preparados para cuando la naturaleza reclame su lugar. “En Mar del Plata hay señalización en las zonas inundables, en Chile se educa para los terremotos –insiste Brailovsky–, aquí deberíamos tener estrategias para bajar los riesgos al mínimo”.

Por MIGUEL JURADO - Editor Adjunto Arq Clarin