martes, 10 de enero de 2012

La costa argentina perdió 5 Km2 en los últimos 40 años

“Al no ser una zona turística, lo que allí sucede no tiene difusión. Pero la erosión natural y el retroceso que se da en esos 150 kilómetros de costa es importantísimo”, comenzó a narrar Jorge Codignotto. Él es doctor en geología e investigador de la Universidad de Buenos Aires y del CONICET, y desde hace años viene estudiando fenómenos de erosión costera en todo el país y, especialmente, en la Bahía de Samborombón.

 
La Bahía de Samborombón es un accidente geográfico ubicado en la provincia de Buenos Aires. Es una zona intermareal extensa que se extiende desde Punta Piedras al norte hasta Punta Rasa al sur. Sus tierras se caracterizan por ser bajas, inundables y pantanosas, lo que hace difícil su acceso; mientras que sus costas están formadas por un acantilado muy bajo: de entre 60 cm. y un metro de altura.

Allí el proceso erosivo es intenso y está en aumento. “Lo que estamos estudiando precisamente en este momento —aseguró el doctor Codignotto— es que hay un incremento en el retroceso. Estamos hablando de una pérdida territorial de dos metros o dos metros y medio por año. Esto, a lo largo de 150 kilómetros de extensión, por un promedio de un metro de altura, es un volumen fantástico de sedimentos que desaparecen cada año naturalmente”, enfatizó.

Las causas de la erosión en la Bahía de Samborombón son absolutamente naturales. Se estima que este fenómeno se incrementa por el desplazamiento en la posición de los anticiclones que genera un cambio en la acción de las corrientes y en la dirección e intensidad de las olas.
El hecho de que la Bahía de Samborombón no sea un área turística y sea de difícil acceso, salvo para algunas personas que van a pescar en algunos puntos particulares, ha hecho que poco se conociera acerca de los cinco kilómetros cuadrados que desaparecieron en los últimos 40 años.

¿Por qué se produce una pérdida de territorio de semejante magnitud? “Las causas de la erosión aquí son absolutamente naturales”, declaró el geólogo. Se estima que este fenómeno se da por “el desplazamiento en la posición de los anticiclones que genera, al igual que en otras zonas de la costa, un cambio —aunque sea muy leve— en la dirección y la intensidad de las olas. Y esto, a su vez, modifica la acción de las corrientes. O sea, se incrementa la erosión en algunos sectores y en otros, no”, explicó.

Sumado a estos cambios, el aumento del nivel del mar provocado por el calentamiento global también colabora en el proceso. Por ello, en esta zona los fenómenos se dan tanto en el plano horizontal (pérdida de territorio), como en el plano vertical (aumento de la profundidad de las aguas).

Si bien el fenómeno erosivo en si mismo no altera la vida de ninguna población cercana a la zona, estas sí se ven afectadas por las inundaciones. Según Codignotto, “cuando se producen fuertes tormentas del nordeste, el sector es fácilmente inundable hasta la Ruta Nº11. Y, además, cada año el nivel del mar sube tres milímetros. Entonces, la ciudad de General Lavalle, cuya altura máxima es de 2,50 metros sobre el nivel del mar y tiene zonas de menor altura, está en riesgo por inundación marina, pero no por erosión”, especificó.

A diferencia de lo que sucede en el Partido de la Costa o en Mar del Plata, la intensa erosión que se produce en la Bahía de Samborombón no se genera por el mal manejo costero. Por ello, Codignotto cataloga a esta zona como “un laboratorio natural porque, por ser de difícil acceso y por no tener un atractivo turístico, hay muy poca acción humana sobre la costa. El 100% del fenómeno que se observa es de origen natural”, explicó.

Ante este panorama, es imposible no preguntarse si se puede hacer algo para frenar la erosión natural. “La erosión en este caso es como el envejecimiento humano”, respondió el geólogo Codignotto. “Se pueden realizar acciones paliativas, pero nada más. Estos son procesos naturales, pero ese no es el problema. El problema somos nosotros, los hombres, porque estamos tomando los territorios, sean costeros o no, como una cosa y no como un ente que se modifica a través del tiempo. Y este es el paradigma que hay que cambiar”.

“Algunas medidas se pueden tomar —continuó el investigador—, pero no se pueden proteger 3500 Km. de costa. Se pueden proteger pequeños puntos, pero por un corto tiempo. Lo que debemos tener en cuenta, como ya bien dijeron las Naciones Unidas en 1985, es que las costas retroceden y debemos hacer retroceder a las poblaciones de acuerdo al retroceso costero. Entonces, no tiene demasiado sentido seguir gastando dinero en el mar, tirar el dinero al mar, que tanto nos hace falta en educación, salud y otras áreas”, concluyó.
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